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    El síndrome del vestuario es uno de los problemas más comunes del hombre moderno, un problema que con un poco de cultura podría ser totalmente resuelto.

    Los temores de la ducha

    El síndrome del vestuario (trastorno dismórfico corporal) y lo infundado que es

    El síndrome del vestuario, o la fobia de la ducha o también la dismorfofobia peneena es un estado en el cual un individuo siente temor de mostrar sus propios genitales a otros individuos del mismo sexo, por ejemplo en un vestuario o en la ducha después de una actividad física. Parece ridículo reservar una página a este tema, pero el síndrome del vestuario es tan difuso y a la vez infundado que vale la pena de tratar, ya que es a la base de verdaderos trastornos de inadecuación acerca de su propio pene. Se trata de una de las fobias más típicas del hombre moderno. No se sabe el por qué, pero también los hombres que son razonablementes dotados sienten el mismo temor. El objetivo de esta página es aclarar algunos mitos y revelar conocimientos que permitirán superar este problema.

    En este sitio hemos tenido la ocasión de mencionar en la página de dimensiones promedias del pene que las dimensiones de un pene al estado flácido pueden variar enormemente en un mismo individuo por factores climáticos o emocionales. En la página que explica cómo se mide el pene mencionamos igualmente las ilusiones ópticas según las cuales las dimensiones de un pene son percibidas de manera diferente según el ángulo desde donde lo estamos mirando, o sea si lo estamos mirando desde arriba o de frente. En aquella página explicamos que cuando nos miramos nuestro propio pene, éste parece más pequeño respecto a cómo parecería si lo miráramos de lado o de frente.

    Todos estos factores, pero sobre todo nuestra inseguridad personal, son responsables en buena parte del síndrome del vestuario. Es cierto que hay hombres que tienen efectivamente un pene pequeño y que han podido verificar el hecho midiéndolo. Pero en la mayoría de los casos, se trata de temores sin sentido.

    El pene de los demás, excepto evidentes excepciones, siempre parece más grande. Y eso también le pasa a gente que normalmente tiene relaciones satisfactorias con el otro sexo y que, además, recibe cumplidos de exclamación acerca de sus atributos sexuales. ¿Por qué pasa eso? Como siempre la responsabilidad es de nuestros conocimientos escasos en tema de educación sexual, ya que conociendo tan sólo un mínimo de fisiología de base sobre el aparato sexual, muchos problemas podrían ser evitados.

    Tomando un ejemplo, citemos un caso típico. Hemos terminado de nadar, es una fría mañana de febrero y nos dirigimos hacia el vestuario para cambiarnos y tomar una ducha caliente. En cuanto nos quitamos el estrecho traje notamos mirando nuestro pene desde arriba hacia abajo, que éste parece una tapa de champagne, todo recogido y frío al igual que los testículos. En el mismo instante uno de nuestros compañeros sale de la ducha con un pene relajado y colgante, parece inflado, parece muy grande. Y enseguida nos sentimos mal. ¿A cuántos de nosotros nos pasa eso?

    Y bien, un chico común, con sus escasos conocimientos en anatomía y fisiología del pene entraría en pánico al momento y la única cosa en la cual pensaría durante la ducha y también después, durante días y meses, sería en su inadecuación. Este mismo chico después del "papelazo" tendrá bien cuidado en no repetir el error y a partir de este momento siemore tomará su ducha sin quitarse el traje, mirando con envidia sus más afortunados compañeros. Algunos años después quizás tomará una cita para una cirurgía al pene o se suscribirá a un sitio como el nuestro, o comprará alguna píldora loca para alargar el pene.

    Si este mismo chico hubiese sido un poco meno ignorante en el tema, quizás estas contrariedades no les hubieran sucedido, puede ser que hubiese igualmente deseado agrandar el pene, pero lo hubiera hecho de manera más sana y eficaz. La realidad es que en un cuadro similar, el estado de frío y de estrés hace que el pene se acerque más al cuerpo al igual que los testículos. Además en tal situación la circulación en el pene es mínima, por lo tanto el mismo se reduce a sus dimensiones mínimas. Y para complicar aún más las cosas, el traje estrecho no ayuda tampoco, es más, contribuye a reducir el pene y a hacerlo acercar al cuerpo aún más.

    Claramente la situación no es la misma bajo una ducha caliente y llena de vapor donde estamos relajados y donde la temperatura más alta favorece la vasodilatación de los varios cuerpos y arterias del pene, y además los gestos mismos que hacermos para frotarnos (en efectos bajo la ducha frotamos también el pene para lavarlo) favorecen la dilatación de nuestro órgano, ya que aún sin quererlos nos estamos estimulando. Cuando salimos de la ducha, nuestro pene tendrá un aspecto totalmente diferente. A veces salimos hasta con un estado de erección parcial donde el pene, aún siendo flácido, se verá sin embargo más inchado y grande. Sin ser duro, se encontrará en un estado de semi erección. Los testículos también se harán alejado del cuerpo, debido al calor y se encontrarán en un estado colgante. Nada extraño si, saliendo de la ducha, nuestro pene se verá más grande y lleno de vigor. Pero preste atención: es el mismo pene que parecía pequeño antes de entrar en la ducha.

    Hemos citado un ejemplo extremo con el propósito de ilustrar mejor el concepto, pero en realidad un pene flácido puede encontrarse en un estado parecido aún sin salir de una ducha caliente. Tan sólo bastaría que el hombre se sienta lo suficiente relajado, puede ser después de haber llevado un ancho boxer, en lugar de un traje o de un calzoncillo estrecho.

    Haga la prueba. Cuando vuelve a entrar en un vestuario, en vez de padecer el síndrome del vestuario, observe más bien la misma persona, antes y después de entrar en la ducha. O haga la prueba sobre usted mismo, obsérvese al espejo en el momento en qué se quita el traje frío o el boxer estrecho después del deporte y luego obsérvese de nuevo a su salida de la ducha y luego de haber frotado su pene con agua y jabón. Usted mismo quedará sorprendido por la diferencia.

    Además de la erección parcial y de la variabilidad de las condiciones climática y emocionales, hay que añadir también un tercer hecho: un pene al estado flácido que se ve grande no lo es necesariamente también en erección. Hay hombres que tienen un pene flácido más bien modesto que sin embargo alcanza dimensiones respetables en erección. Y hay otros que a pesar de tener un pene bien visible en estado flácido, no tienen sin embargo nada de especial enerección. Por lo tanto la elasticidad y la extensibilidad de los cuerpos cavernosos y esponjosos del pene flácido constituyen factores variables entre un hombre y otro.

    Esta es toda la aclaración del misterio del síndrome del vestuario. Esto no quiere decir que el pene no pueda ser agrandado permanentemente o que un buen programa de ejercicios naturales de agrandamiento del pene no pueda ser de ayuda. Sólo hemos dicho que la elasticidad del pene es variable, pero hay que añadir que mediante ejercicios apropiados, ésta puede ser modificada, aumentando el pene tanto en el estado flácido que erecto. Es sobre esto que se basa nuestro programa de agrandamiento del pene. La idea detrás del entrenamiento es mejorarse desde el punto de vista estético, no necesariamente porque no nos sentimos a la altura o porque tengamos complejos injustificados. Muy a menudo no tienen fundamento.

    En conclusión, siempre es mejor ser consciente del funcionamiento de nuestro aparato reproductor para no caer en preocupaciones inecesarias. Sobre todo a la hora de empeza un programa de ejercicios para agrandar el pene, es mucho mejor empezar con un espíritu sereno, se tendrán mejores resultados y se evitarán ansiedades inútiles.

    A. Langueduc







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