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    ¿Es malo masturbarse? Parece una pregunta superficial y del todo tonta, sin embargo puede implicar desenvolvimientos sorprendentes que son difíciles de imaginar a primera vista.

    ¿Es la masturbación mala?

    Parece una pregunta totalmente estúpida y, de todos modos, una de estas preguntas que muchos adolescentes se hacen desde los tiempos de los tiempos. Ya que durante la adolescencia uno se masturba mucho más que en cualquier otra etapa de la vida, puede ser tal vez normal preguntarse esto. A primera vista parece que quien lo hace no sabe nada de sexualidad y, en realidad, se trata de una pregunta que muchos pueden considerar como superada hoy en día, considerando también que los hombres pueden masturbarse regularmente en cualquier edad (incluyendo los hombres casados) y por lo menos el 66% de las mujeres adultas se masturban ocasionalmente. Sin embargo, si pensamos bien en la pregunta, resulta que la masturbación comporta varios desenvolvimientos e implicaciones en las cuales no pensamos mucho y que por eso mismo podrían sorprendernos.

    El problema es que, frente a la pregunta de si la masturbación hace daño, todo el mundo piensa enseguida en un daño físico, sin embargo desde este punto de vista, la masturbación, obviamente no puede hacer daño, por lo tanto, vista de esta manera, la pregunta es totalmente tonta. A nivel sexual, no hay ninguna diferencia entre masturbación, coito o sexo oral, todas estas prácticas tienen el objetivo de estimular los órganos sexuales hasta alcanzar el orgasmo, claro de manera diferente tanto física como cualitativamente, pero el resultado es el mismo y si no es dañino de una manera, no lo es tampoco en las otras. Es más, masturbarse es tan bueno para la salud como una relación sexual completa, ya que libera las tensiones sexuales, reduciendo el estrés y mejorando nuestro humor.

    Sin embargo, una reflexión más profunda, especialmente teniendo en cuenta la época en que vivimos, nos ayuda a revelar la verdadera complejidad de la pregunta, la cual es complicada si consideramos la sexualidad también desde el punto de vista social, psicológico y de conductas. Además existen estilos de masturbación que pueden ser dañinos hasta físicamente. Empecémos por éstos.

    Existen actividades sexuales que se destacan del contexto normal de la estimulación genital. Por ejemplo la masturbación arcaica es un tipo de estimulación que comporta el uso de métodos artificiales y no naturales para sacar el goce de una relación autoerótica. Hay hombres que sienten placer sólo aplicando fuertes presiones en su pene, otros que alcanzan el orgasmo haciendo chocar el pene arriba de una superficie dura, y otros que se estimulan apoyándose arriba de una silla o de una mesa, ejerciendo una presión sobre la próstata, en vez de estimular el pene. También hay mujeres que sienten placer sólo apoyando el clítoris o la vulva sobre objetos duros o contrayendo los muslos de manera anormal y así sucesivamente. Algunos estilos de masturbación arcaica pueden provocar inflamaciones, infecciones o deformaciones. Su principal daño físico consiste en modificar la vivencia sexual, haciendo que el alcanzar el orgasmo mediante el coito o mediante otra práctica sexual convencional sea imposible. Para superar este problema se necesita un trabajo de adaptación al nuevo estilo sexual, una rehabilitación que puede demorar años para que la vivencia sexual vuelva a corregirse según parámetros aceptables. A veces estos problemas no se superan completamente, limitando la verdadera apreciación del sexo.

    Por lo tanto, cualquier método artificial para alcanzar el placer, sobre todo si es aplicado durante años y remonta a la infancia, puede tener implicaciones físicas pesadas sobre una vida sexual normal. Pero fuera de las malas costumbres de masturbación, no se conocen otras implicaciones físicas negativas que puedan atribuirse al autoerotismo.

    Algunas corrientes culturales, espirituales o paramédicas sostienen que eyacular hace daño. No estamos hablando de la religión según la cual masturbarse es pecado. Estamos hablando de doctrinas que contraindican la masturbación desde le punto de vista de la salud. Por ejemplo, una de las más famosas es el Tao del sexo. Según esta doctrina, el esperma es un fluido vital limitado que el hombre debe ahorrar si quiere mantenerse joven, vigoroso, y en plena salud hasta en edad avanzada. Un hombre que eyacula mucho vivirá menos y se enfermará más porque está derrochando su propio ching (esencia o semen). Según el Tao, un hombre de veinte años puede tener una eyaculación cada 4 días. Un hombre de cuarenta años, pueden tener una cada 10 días. Un hombre de 50 años cada 20. Y a los setenta años no debería eyacular más o, si es particularmente fuerte, podría hacerlo una vez al mes.

    Muchos protestarán diciendo que lo más rico del sexo es precisamente eyacular. Pero los adeptos del Tao desarrollan técnicas que permiten la retroeyaculación, o sea , alcanzar el orgasmo sin eyacular, son técnicas parecidas a las que describimos en nuestro programa para desarrollar la habilidad de tener orgasmos múltiples masculinos.

    Aquí no queremos criticar las implicaciones últimas del Tao, en definitiva es una doctrina esencialmente espiritual, no hay evidencias científicas del hecho de que eyacular haga daño y que tenga que limitarse con el progreso de la edad. Queda por lo tanto como asunto de interés cultural.

    Entonces ¿Dónde está el verdadero daño?

    Establecido que la masturbación no daña desde el punto de vista físico, hay que definir de qué manera podría eventualmente hacerlo y aún queda estudiar las otras implicaciones, ya que la masturbación, según como se practique, puede tener importantes impactos sobre la líbido. Ante todo puede constituir un paliativo psicológico limitante. Algunos ilustres especialistas sostienen que masturbarse hace daño tanto al cuerpo como a la mente, sobre todo cuando se adopta como medio de satisfacción sexual casi exclusivo, ya que "puede confirmar tácitamente el sentido de ineficiencia en realizar una relación con una pareja real".

    Algunas teorías sostienen que, quien eleva la costumbre de masturbarse al rango de vicio tiene menores posibilidades de encontrar una pareja en la vida real. Esto es particularmente evidente en el caso de los hombres, los cuales son más propensos que las mujeres a encontrar desahogo por la falta de sexo a través de esta práctica. La mayoría de las mujeres no están interesadas en el sexo en sí, sólo sienten atracción por la práctica sexual en el ámbito de un contexto más grande. Por lo tanto, los daños de la masturbación relacionada a la pornografía y al sexo virtual involucran especialmente a los hombres.

    La gran difusión del sexo en la internet, en todas sus formas facilita enormemente este aburrimiento sexual y esta alienación mucho más que en el pasado, cuando se solía masturbarse frente a una página de Playboy, con fantasías eróticas, o delante de algún video tarde en la noche. Hoy en día es posible encontrar cualquier cosa gratuitamente, con pocos clicks y de manera totalmente anónima. Los usos y los abusos de la pornografía online dominan todas las dimensiones y se ha llegado a las cosas más extremas. Y no es sólo un problema de pornografía. Hoy el internet ofrece la posibilidad de tener intercambios de sexo virtual, cyber sex, encuentros chat online y webcam sexy. Hasta existen programas de realidad virtual que simulan relaciones sexuales a todos los efectos.

    Libido, sexo virtual y pornografía online

    La costumbre de hallar satisfacción sexual a través del sexo virtal tiene implicaciones pesadas sobre la líbido, ya que se llega muy rápidamente a la saturación de los sentidos, haciéndonos cada día más insensibles a los llamados sexuales reales. Mirar pornografía de vez en cuando alimenta el deseo. Pero cuando esto se convierte en una costumbre, nuestras fantasías sexuales cesan de alimentarse a causa de sucedáneos artificiales. Una persona adicta a la pornografía, acostumbrada a ver cosas de todos los géneros, terminará inevitablemente no soprendiéndose con más nada. Hasta el punto en que un llamado sexual normal no tendrá más efecto. Entran en escena por tanto, los problemas de impotencia, de falta de líbido y de orgasmo precoz.

    No hay que asombrarse del hecho de que estos problemas sexuales han aumentado en el curso de las últimas décadas, ya que hoy la gran mayoría de las prácticas autoeróticas ocurren gracias a internet. El abuso de la red para compensar una falta cada día más grande de comunicación real, está generando una multitud de crápulas, incluyendo muy jóvenes y menores de edad. Pues no es sorprendente el llegar a los treinta años y sentirse un hombre acabado desde el punto de vista sexual. Por otra parte ¿De qué manera puede responder un organismo adaptado a producir testosterona en respuesta a imágenes artificiales o videos de estrellas sexy en la web, frente al cuerpo de una esposa o de una novia real, especialmente cuándo no son tan bellas como las modelos de YouPorn?

    Condenar el internet no es una solución porque ya nadie lo puede evitar. El problema está en el hecho de que para tener la vida que soñamos: ¡Tenemos que quererlo! Hay que parar de considerar las mujeres bellas o las mujeres en general como seres inalcanzables. No hay nada peor que el hecho de considerar una mujer por su belleza o en función de la atracción que podamos sentir hacia ella y no como un ser humano cualquiera. Una de las cosas más molestas para una mujer, especialmente si se trata de una mujer muy solicitada, es ser considerada por fuera de su humanidad, ser considerada como un ser perteneciente a otra esfera, una persona que al final cesa de ser persona para convertirse en un ser sexual o tal vez en un objeto. Considerar a cualquier mujer de esta forma nos convierte automáticamente en perdedores, inseguros, parciales, interesados y sin atractivo.

    Si el hecho de sentarse frente a la PC y masturbarse le basta, entonce proceda. Pero si aspira a algo mejor, entonces tendrá que quererlo y desearlo y esto implica conciencia de que sus costumbres pueden alejarlo de su objetivo, por lo tanto, tendrá que aprender a dominarse, quizás utilizando la internet sólo como una distracción ocasional, pero siempre dando mayor peso a lo que realmente quiere.

    Recuerde que la pornografía puede ser dañina cuando ella lo controla a usted y no cuando usted la controla a ella. Si es vedada a los menores de edad es precisamente a causa de los daños que comporta en términos de vicios y de dependencias. La diferencia entre adulto y menor de edad es que el adulto puede decidir por sí solo y el menor legalmente no puede hacerlo. Pero la pornografía tiene el mismo efecto tanto en menores como en mayores. Claro, no estamos hablando de niños. Estamos hablando de individuos que empiezan a tener pelos donde no deberían tenerlos y se mueren de las ganas de ver una falda levantada, así mismo como las tiene usted. Lo único es que estos adolescentes se enviciarán y se aburirrán igual que usted y claramente no es tan agradable estar en esta situación desde los 13 años. Por esta razón es bueno que la pornografía se prohíba a los menores. A usted no se le puede prohibir porque es adulto. Pero le hace daño también.

    ¿La solución? Es una cuestión de elección. Le toca a usted decidir. ¿Es mejor vivir toda la vida a base de masturbación y sexo virtual, o es mejor ser un Don Juan al viejo estilo, que arrasa con mujeres reales y no teme hacerles el amor?

    A. Langueduc








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